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La pradera submarina de posidonia oceánica de las Islas Baleares, uno de los grandes tesoros naturales del Mediterráneo, corre serio peligro de desaparecer en pocos años. El fondeo incontrolado de embarcaciones está diezmando grandes extensiones de esta planta acuática, clave para el ecosistema marino y para el turismo, pues su presencia bajo el mar explica las aguas cristalinas que cada año atraen a miles de turistas.
Los patrones de yates desconocen que en la zona se halla uno de los seres vivos más grandes y longevos del planeta, y ninguna autoridad se ocupa de controlar que no traspasen las áreas permitidas para el fondeo. El problema afecta a todo el archipiélago balear, pero este año es en Formentera donde se libra la batalla para acabar con él.
En los últimos años probablemente se haya reducido entre un 30% y un 40% la superficie de posidonia oceánica en la franja de mar que separa Punta Pedrera de S'Espalmador. Y en tres o cuatro años más puede quedar totalmente destruida en gran parte del parque natural.
El ancla de un yate de gran eslora fondeado en la zona puede destruir en 24 horas 10.000 metros cuadrados de posidonia, superficie equivalente a un campo de fútbol. Pero las grandes embarcaciones no son las únicas responsables de los estragos en el fondo marino. Los más pequeños provocan un daño atroz, porque son muchos más. Los centenares de anclas actúan como una suerte de arados submarinos que arrancan la planta de raíz.
El bosque de posidonia de Formentera, situado dentro del Parque Natural de Ses Salines, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999. Está catalogado como un Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), protegido dentro de la Red Natura 2000 de la Unión Europea. Además, desde este febrero, forma parte del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.
La posidonia oceánica no es un alga, sino una planta marina que se desarrolla en colonias. Una sola hectárea de este organismo convierte tanto CO2 en oxígeno como cinco hectáreas de selva amazónica.
Según un estudio publicado en Nature, la posidonia puede producir anualmente pesca, materia orgánica, protección de costas y otros bienes por valor de 14.500 euros por hectárea y año. Baleares tiene alrededor de 100.000, y además de un gran valor. En 2006 se descubrió en aguas de Formentera un espécimen con una extensión de ocho kilómetros y una edad de unos 100.000 años. Se trata, probablemente, del ser vivo más grande y longevo de la Tierra, y forma parte de la pradera amenazada.
Cada verano, el Gobierno balear edita un folleto donde establece las áreas destinadas al fondeo en la isla. Se restringe el número diario de embarcaciones que pueden acceder a esta zona y se prohíbe expresamente echar el ancla fuera de los límites marcados. Pero, sobre el terreno, nadie ejerce labores de vigilancia. Decenas de yates, veleros y lanchas de recreo fondean a diario sobre las praderas protegidas, sin que haya control de ningún tipo.
El Consell de Formentera anunció que en septiembre presentará un nuevo plan para regular los fondeos, que incluye la creación de 250 amarres ecológicos, que tendrán un impacto mínimo sobre el fondo marino y que se situarán a unos 200 metros de la costa. Mientras tanto, las anclas de los yates continúan deteriorando, a marchas forzadas, uno de los grandes tesoros que aún quedan bajo las aguas del Mediterráneo.
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